De Washington a París, de Berlín a Londres, desde las instalaciones nucleares hasta nuestras bases militares, ¿acaso el cielo europeo se ha convertido en un teatro de operaciones no identificadas? Las audiencias del Congreso de EE. UU. sobre los UAP en 2023 y 2024, unidas a las recientes incursiones de «drovnis» sobre lugares sensibles en Europa, lanzan una advertencia: la autonomía estratégica de Europa no puede permitirse seguir ignorando estos fenómenos. La Unión Europea necesita establecer un marco más sólido para la cooperación en la recopilación, el análisis y el intercambio de información sobre los UAP, a fin de garantizar nuestra seguridad y soberanía.
La autonomía estratégica europea se ha convertido en un leitmotiv en Bruselas y en las capitales del continente. Ya sea en materia de defensa, tecnología o espacio, la Unión Europea afirma la pretensión de controlar su propio destino y dejar de depender exclusivamente de potencias del exterior. Sin embargo, hay un ámbito emergente que, en gran medida, sigue siendo ignorado en esta búsqueda de autonomía: el de los Fenómenos Aéreos No Identificados (UAP). Durante mucho tiempo ridiculizado o relegado a los márgenes, este es un tema que se perfila ahora como una cuestión de seguridad y soberanía científica que ninguna potencia seria puede permitirse ignorar.
En 2021, el gobierno de los Estados Unidos publicó un informe oficial en el que reconocía la existencia de varias docenas de UAP y destacaba los riesgos reales para la seguridad nacional y la seguridad aérea que plantean estos fenómenos inexplicados (Preliminary Assessment: Unidentified Aeriam Phenomena, Office of the Director of National Intelligence, 25 de junio de 2021). Como lo resumió el senador estadounidense Marco Rubio, actual secretario de Estado del presidente Donald Trump: «Hay cosas volando en nuestro espacio aéreo y no sabemos lo que son. Necesitamos saber quién está detrás, especialmente si se trata de un adversario que ha dado un salto tecnológico» (Politico, 23 de junio de 2021). En este contexto, Europa no puede quedarse de brazos cruzados. Si aspira a una verdadera autonomía estratégica, la UE debe tomarse en serio, de forma transparente y proactiva, el ámbito de los UAP.
Los UAP: ¿de qué estamos hablando y por qué son importantes?
«Cuanto más aprendemos sobre estos, menos los entendemos», recordaba el difunto senador Harry Reid en 2021. Este antiguo líder de la mayoría demócrata en el Senado impulsó, junto con otros dos senadores y exoficiales militares, un programa clasificado de investigación sobre UAPs, conocido como AAWSAP, que se puso en marcha en 2007 y se financió con 22 millones de dólares de fondos secretos del Congreso estadounidense. Este programa, confundido a menudo con el proyecto AATIP del Pentágono, ha sido noticia en todo el mundo desde diciembre de 2017.
Ya sean el resultado de un salto tecnológico de adversarios geopolíticos, fenómenos naturales que distorsionan las percepciones visuales, visitantes de otra dimensión o tecnología de otro mundo, los UAP engloban cualquier objeto o fenómeno aeroespacial observado en el cielo (o en el espacio) que no pueda identificarse inmediatamente. Contrariamente a la creencia popular, no se trata sólo de historias fantasiosas: numerosos astronautas, pilotos civiles y militares, controladores aéreos y sensores de radar han documentado a lo largo de las décadas fenómenos que ninguna explicación convencional puede aclarar. Algunas de estas observaciones han estado a punto de provocar accidentes, lo que plantea un verdadero problema de seguridad aérea. Otros plantean cuestiones geoestratégicas: ¿podrían estar relacionados con tecnologías extranjeras desconocidas, o incluso con actividades de vigilancia ilícitas?
La OTAN y la UE han enfrentado recientemente incursiones aéreas inesperadas. Desde 2014, más de un centenar de sobrevuelos de centrales y emplazamientos nucleares en Francia por drones no identificados han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de nuestras infraestructuras críticas frente a objetos aéreos desconocidos. Se celebraron audiencias en el Senado francés, pero no se pudo determinar quiénes estaban detrás de estos drones ni cuáles podrían haber sido sus intenciones. Más recientemente, a finales de 2024, se han informado «enjambres de drones» sobre bases militares y zonas urbanas en Europa y Norteamérica ( The Guardian,13 dec.2024). Tampoco en estos casos las autoridades han podido explicar la naturaleza y el origen de estos “enjambres”. Estos incidentes ilustran que la línea divisoria entre los UAP y las amenazas convencionales (como los drones hostiles) es difusa: ambos son objetos aéreos que no se identifican inmediatamente, son potencialmente peligrosos y requieren una respuesta coordinada de las autoridades.
Por tanto, ignorar los UAP tiene un coste. Por un lado, deja indefensos a pilotos y operadores de infraestructuras críticas ante acontecimientos aéreos confusos. Por otro, crea una laguna en nuestro sistema de seguridad global: un «punto ciego» que los actores malintencionados podrían explotar. Dejar que se multipliquen los fenómenos inexplicables sin un marco de análisis significa exponernos a posibles sorpresas estratégicas. Por otra parte, tratar este tema con seriedad también ofrece una oportunidad para los avances científicos y tecnológicos, ya que estimula la investigación en campos punteros (sensores, inteligencia artificial para el análisis de imágenes, astrofísica, etc.).
Europa a la zaga en un ámbito estratégico
Mientras que nuestros aliados avanzan, la Unión Europea está claramente rezagada en esta materia. En Estados Unidos, además del informe mencionado, el Pentágono creó en 2022 una oficina especializada (AARO, All-domain Anomaly Resolution Office) encargada de recoger y analizar los informes sobre ovnis del personal militar y de los pilotos, y en 2023 la NASA lanzó incluso un estudio independiente sobre los UAP. Canadá, Australia y Japón—donde se creó un grupo de trabajo parlamentario multipartidista en junio de 2024— también están empezando a estructurar la recogida de datos y la investigación de estos fenómenos, en colaboración con Estados Unidos.
En Europa, sólo Francia cuenta desde hace años con un organismo oficial específico (el GEIPAN del CNES, que recopila testimonios y realiza investigaciones científicas sobre los casos reportados). En el resto del mundo, son sobre todo organizaciones civiles voluntarias las que han venido recogiendo informes de avistamientos, sin apoyo institucional ni coordinación internacional. En los Países Bajos, la Oficina de Investigación y Análisis para la Seguridad (OVV) acepta ahora informes de UAP de los pilotos, consciente de que todo lo que atraviesa el espacio aéreo puede afectar a la seguridad (Coalición UAP Países Bajos). Y en el Parlamento Europeo, se celebró una primera reunión histórica sobre los UAP en >marzo de 2024, gracias a la iniciativa de un eurodiputado visionario, con el objetivo de desestigmatizar este tema tabú que persiste desde hace tiempo dentro de las instituciones.
A pesar de estos avances, aún no existe una política UAP que sea común o armonizada a nivel de la Unión Europea. La Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) no dispone de un protocolo específico para notificar sucesos aéreos anómalos. El Espacio Europeo de Datos de Seguridad Aérea no incluye explícitamente los UAP en su ámbito de aplicación. Y aunque la Comisión Europea está preparando una nueva legislación sobre actividades espaciales para 2024, no se hace ninguna mención a los UAP. Así pues, la UE corre el riesgo de quedarse al margen de una tendencia geopolítica de gran importancia, y de depender de la información de Washington u otros lugares, lo que contradice su ambición de autonomía estratégica.
Integrar los UAP en la estrategia europea de seguridad espacial

La inacción ya no es una opción. Es hora de integrar plenamente la cuestión de los UAP en las políticas europeas de seguridad, defensa y espacio, en línea con los recientes anuncios de la UE sobre la legislación espacial y el rearme de Europa. Bruselas ha manifestado su determinación de reforzar la resistencia de sus activos espaciales y de cubrir las carencias de capacidades ante las nuevas amenazas (Estrategia Espacial de la UE para la Seguridad y la Defensa – Comisión Europea). La primera Estrategia Espacial para la Seguridad y la Defensa, presentada en 2023, subraya que el espacio es un ámbito de competencia en el que Europa debe proteger sus intereses y reforzar su autonomía (La Unión Europea adopta una estrategia espacial para la defensa). Incluir los UAP en esta ecuación sería el siguiente paso lógico: permitiría abordar un punto ciego en la visión estratégica de Europa. Como advirtió un experto, hacer la vista gorda a los UAP equivaldría a «dejar un punto ciego crítico en nuestra estrategia de defensa» (Noticias, Coalición UAP Países Bajos).
En la práctica, hay una serie de medidas que pueden adoptarse inmediatamente a nivel de la UE:
- Establecer un sistema europeo de recogida y análisis de datos: Crear un centro (o red) europeo encargado de recoger los informes sobre UAP de los servicios de aviación civil y militar, meteorológicos y espaciales de los Estados miembros, y garantizar su análisis científico. Este proceso de intercambio de información fomentará la notificación sin estigmatización y permitirá identificar con mayor precisión los fenómenos, ya sean de origen humano o natural.
- Integración de los UAP en las normativas y programas existentes: Adaptar la normativa europea de seguridad aérea para incluir explícitamente la notificación de UAP por parte de pilotos y controladores aéreos (en la línea de algunas directivas ya vigentes en el Reino Unido y Estados Unidos). Del mismo modo, incorporar la vigilancia de los objetos aéreos no identificados a las misiones del >Centro Europeo de Vigilancia y Seguimiento Espacial (SSA/SST) para proteger mejor los satélites y las infraestructuras críticas de objetos erráticos o intrusivos.
- Financiar la investigación y la innovación: Asignar recursos a través del programa Horizonte Europa o del Fondo Europeo de Defensa para el estudio multidisciplinar de los UAP. Se trata de apoyar proyectos que reúnan, por ejemplo, a astrofísicos, ingenieros aeronáuticos, meteorólogos, psicólogos (para analizar testimonios) y especialistas en defensa. Una mejor comprensión de estos fenómenos contribuirá tanto a la seguridad (al distinguir amenazas reales de anomalías inofensivas) como al avance de los conocimientos científicos.
- Mayor cooperación internacional: Incluir la cuestión de los UAP en la agenda de los diálogos transatlánticos y la cooperación espacial internacional. Estados Unidos, en particular, ha acumulado una experiencia y unos datos inestimables sobre el tema; la Unión Europea y sus Estados miembros se beneficiarían de intercambiar información con ellos en pie de igualdad, al tiempo que aportarían sus propias contribuciones desde el territorio europeo. Europa ganaría en autonomía estratégica y reforzaría su capacidad de liderazgo en nuevas áreas geopolíticas. Del mismo modo, esta cooperación va a fomentar el intercambio de información entre aliados (OTAN, ONU) sobre fenómenos aéreos inexplicables y reforzará la seguridad colectiva frente a riesgos que son por naturaleza transfronterizos.
Estas medidas recogen en parte las recomendaciones formuladas por las organizaciones europeas de la sociedad civil centradas en este tema. A finales de 2024, quince asociaciones de una decena de países de la UE lanzaron un llamamiento histórico para que la Unión Europea aborde urgentemente la cuestión de los UAP. En este llamamiento, pedían precisamente las medidas antes mencionadas: el establecimiento de un proceso europeo de recogida y análisis de datos, la integración de los UAP en la normativa, la financiación de la investigación y el refuerzo de la cooperación internacional. Las instituciones europeas tienen el deber de escuchar este mensaje de las bases e inspirarse en él.
Es hora de actuar y reforzar la cooperación europea

Ante las actuales convulsiones geopolíticas, la autonomía estratégica de Europa solo se logrará si la Unión es capaz de anticiparse y hacerse cargo de todas las cuestiones de seguridad, incluidas las que quedan fuera de los marcos tradicionales. Los fenómenos aéreos no identificados ya no son cosa de ciencia ficción, sino una realidad constatada que pone en tela de juicio nuestra capacidad para comprender y proteger nuestros cielos. Ante esta situación, la inacción sería la peor respuesta.
La Unión Europea lo tiene todo para convertirse en líder mundial de un enfoque responsable y científico de los UAP: fabricantes aeroespaciales de vanguardia, investigadores de renombre, experiencia en cooperación multinacional, agencias y organizaciones como ESA, EASA, Eurocontrol que podrían movilizarse. Lo que hace falta ahora es una voluntad política clara para coordinar estos recursos y cubrir el vacío existente.
En un momento en que la UE anuncia que quiere reforzar sus ambiciones en materia de defensa y espacio, es el momento ideal para lanzar una iniciativa europea de este tipo. Dotar a Europa de una estrategia y de los medios para estudiar y gestionar estos fenómenos contribuirá a la seguridad de nuestros ciudadanos, a la independencia de nuestra capacidad de evaluación de riesgos y al avance de los conocimientos.
Están en juego la soberanía, la seguridad y la credibilidad científica de Europa. Se acabaron las excusas: es hora de actuar.